Oda a los calcetines
Me trajo Maru Mori
un par
de calcetines
que tejió con sus manos
de pastora,
dos calcetines suaves
como liebres.
En ellos
metí los pies
como en
dos
estuches
tejidos
con hebras del
crepúsculo
y pellejo de ovejas.
Violentos calcetines,
mis pies fueron
dos pescados
de lana,
dos largos tiburones
de azul ultramarino
atravesados
por una trenza de oro,
dos gigantescos mirlos,
dos cañones:
mis pies
fueron honrados
de este modo
por
estos
celestiales
calcetines.
Eran
tan hermosos
que por primera vez
mis pies me parecieron
inaceptables
como dos decrépitos
bomberos, bomberos
indignos
de aquel fuego
bordado,
de aquellos luminosos
calcetines.
Sin embargo
resistí
la tentación aguda
de guardarlos
como los colegiales
preservan
las luciérnagas,
como los eruditos
coleccionan
documentos sagrados,
resistí
el impulso furioso
de ponerlos
en una jaula
de oro
y darles cada día
alpistey
pulpa de melón rosado.
Como descubridores
que en la selva
entregan el rarisimo
venado verde
al asador
y se lo comen
con remordimiento,
estiré
los pies
y me enfundé
los
bellos
calcetines
y
luego los zapatos.
Y es ésta
la moral de mi oda:
dos veces es belleza
la belleza
y lo que es bueno es doblemente
bueno
cuando se trata de dos calcetines
de lana
en el invierno.
Ode to my socks
Maru Mori brought me
a pair
of socks
which she knitted herself
with her sheepherder's hands,
two socks as soft as rabbits.
I slipped my feet
into them
as though into
two
cases
knitted
with threads of
twilight
and goatskin.
Violent socks,
my feet were
two fish made
of wool,
two long sharks
sea-blue, shot
through
by one golden thread,
two immense blackbirds,
two cannons:
my feet
were honored
in this way
by
these
heavenly
socks.
They were
so handsome
for the first time
my feet seemed to me
unacceptable
like two decrepit
firemen, firemen
unworthy
of that woven
fire,
of those glowing
socks.
Nevertheless
I resisted
the sharp temptation
to save them somewhere
as schoolboys
keep
fireflies,
as learned men
collect
sacred texts,
I resisted
the mad impulse
to put them
into a golden
cage
and each day give them
birdseed
and pieces of pink melon.
Like exploreres
in the jungle who hand
over the very rare
green deer
to the spit
and eat it
with remorse,
I stretched out
my feet
and pulled on
the magnificent
socks
and then my shoes.
The moral
of my ode is this:
beauty is twice
beauty
and what is good is doubly
good
when it is a matter of two socks
made of wool
in winter.
Translation by Robert Bly
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.