Martínez
Martínez el curandero
de El Salvador reparte frascos
de remedios multicolores,
que los ministros agradecen
con prosternación y zalemas,
El brujito vegetariano
vive recelando en palacio
mientras el hambre tormentosa
aúlla en los cañaverales.
Martínez entonces decreta:
y en unos días veinte mil
campesinos asesinados
se pudren en las aldeas
que Martínez manda incendiar
con ordenanzas de higiene.
De nuevo en Palacio retorna
a sus jarabes, y recibe
las rápidas felicitaciones
del Embajador norteamericano.
«Está asegurada -le dice-
la cultura occidental,
el cristianismo de occidente
y además los buenos negocios,
las concesiones de bananas
y los controles aduaneros.»
Y beben juntos una larga
copa de champagne, mientras cae
la lluvia caliente en las pútridas
agrupaciones del osario.
Martinez
Martinez, the quack
from El Salvador, distributes flasks
of multicolored remedies
which the ministers accept
with deep bows and scraping.
The little vegetarian witch doctor
passes his time prescribing in the palace
while torturous hunger
howls in the cane fields.
Martinez then decrees:
and in a few days twenty thousand
assassinated peasants
decompose in the villages
that Martinez orders burned
with ordinances of hygiene.
Back in the Palace he returns
to his syrups, and he receives
the American ambassador's
swift congratulations.
"Western culture
is safe," says he ---
"western Christianity,
and besides, good business,
banana concessions
and control of customs."
And together they drink a long
glass of champagne, while hot
rain falls on the putrid
gatherings of the charnel house.
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